lunes, 4 de diciembre de 2006

Un día de octubre...

Y en esa forma que adquiere el grito estampado en la pared
Humedad indecible
Se parece a mis huesos.
Alimentaste mi sombra hasta dejarla sin alas
Y en el lugar de la madre hubo un espacio como un silencio
Que se abre y se rompe en la desgarradura,
No del placer sino del llanto.
Mi escritura sabe de lo que hablo
Aunque no hable.
Y tocaba partir en el delirio del naufragio.
Ya no hubo flores para la pequeña muerta
Lila fue su nombre
Y desde el lugar de sus rodillas pidió disculpas
Con la voz que no tiene.